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TEJIENDO HISTORIA

El municipio de Chiconcuac, Estado de México es conocido por la manufactura y venta de una gran variedad de productos textiles. El tejido y el comercio están tan íntimamente ligados a sus habitantes que prácticamente la vida gira alrededor de estas actividades, consideradas patrimonio económico y cultural del municipio.

PREHISTORIA: Los primeros en ocupar el territorio de Chiconcuac fueron los grandes proboscídeos o mega fauna, el 13 de marzo de 1980, en el lugar llamado Calxiacatl del barrio de San Pedro, se encontraron los restos de un mamut cuya antigüedad se calculó en 10 000 años

FUNDACIÓN Y PRIMEROS POBLADORES: Si bien los Teotihuacanos ya se habían asentado cerca de éste lugar; la historia de la región se traza a partir de la llegada de los Chichimecas liderados por Xolotl, origen de la familia reinante de Tezcoco, y más tarde de los Acolhua, procedentes de occidente; quienes al emparentar con los toltecas formaron el linaje tolteca-chichimeca del cual descendemos.

ÉPOCA PREHISPÁNICA: Tejer en Chiconcuac no solo es un arte, ha sido un medio de subsistencia para la población desde la época prehispánica; con el tule que recogían cerca del lago de Texcoco tejían petates para pagar el tributo. En el Códice de Tepetlaoztoc (o Kingsborough) encontramos que Chiconcuac tiene veinte vecinos y tributaba con los petates necesarios para la mansión del cacique, Después de Tepetlaoztoc estuvimos sujetos a Chiautla, señoríos del imperio Acolhuacan con cabecera en Tezcuco.

ÉPOCA COLONIAL: Los acontecimientos más importantes están relacionados con:

Despojo y posesión de tierras. El 18 de septiembre de 1597 por "merced real", se otorgaron dos caballerías de tierra a Hernando Núñez en donde posteriormente se estableció la “Hacienda de Santa Cruz de Prado Alegre”, mejor conocida como Arauxo o Arojo (hoy Panteón Municipal de San Miguel).

En 1707 y 1710, las autoridades de los naturales del pueblo de San Miguel Chiconquac comparecen ante las autoridades de Tezcuco para defender sus tierras. El juicio más difícil inició en 1795 contra Don Francisco Goldaracena, entonces dueño de la Hacienda “Santa Cruz de Prado Alegre”, después de 8 años de trabajo y sacrificio, se logra que estas tierras queden en manos de sus verdaderos dueños, los “sayaleros” (tejedores de sayal) de Chiconcuac

Evangelización: Estuvo a cargo de los misioneros Franciscanos del Santo Evangelio. San Miguel Chiconcuac y San Pablo Calmimilolco fueron iglesias de visita de Texcoco y la Natividad Chiconcuac (Santa María Chiconcuac) de Chiautla

Obrajes: Al introducir la lana con el ganado merino y los implementos para su proceso y tejido como cardas, tornos y telares, el virrey Antonio de Mendoza, promovió los obrajes para tejer paño en la región de Texcoco.

Se cree que Fray Pedro de Gante además de evangelizar, aprovecho la habilidad y sensibilidad que tenían los tejedores de petates de Chiconcuac, para enseñarles a preparar y tejer la lana (sayal) en el telar de pedal.

TEJIENDO HISTORIA

SIGLO XIX. Perteneciendo los barrios de Santa María Chiconcuac y San miguel Chiconcuac a la municipalidad de Chiautla, y San Pablito Calmimilolco a la municipalidad de Atenco; enfrentamos los movimientos que conmovieron a la Patria, como la Guerra de Independencia, la Intervención Francesa y la Guerra de Reforma.

Nace el municipio: La autonomía y soberanía siempre han estado presentes en los Chiconcuaquenses; pese a los argumentos de que éramos tan pobres que no podríamos sostener los gastos de un municipio, un grupo de ciudadanos iniciaron los trámites para segregarse de Chiautla y formar un municipio independiente, logrando que el Congreso del Estado de México emitiera el decreto número 89, por el cual, “Se erige en municipio el pueblo de Chiconcuac, en el Distrito de Texcoco”, Dado en Toluca el catorce de octubre de mil ochocientos sesenta y ocho, firmado el 17 de octubre de 1868.

Inicialmente el municipio de Chiconcuac lo integraban las cuatro manzanas del pueblo de San Miguel: "Zapotlán", "Tecpan", "Teutlalpan" y "San Diego" o "Xalpa".

El 29 de abril de 1879, se incorporan los barrios de Santa María y San Pablito, quedando así constituido definitivamente el municipio, que por el decreto 79 del Congreso del Estado de México, a partir del 7 de mayo de 1890 se denomina “Chiconcuac de Juárez”.

 La vida en el naciente municipio no era fácil, con apenas 1.6 Km2 de extensión territorial, había pocas tierras para cultivar, por lo que muchos se tenían que emplear como peones en las haciendas cercanas y completar su jornal con la artesanía del tejido de lana; las casas eran pequeños talleres familiares en donde niños y adultos, con técnicas ancestrales y telares rudimentarios, se ocupaban en el proceso y tejido de sarapes de lana, que vendían los días lunes en la plaza de la cabecera municipal.

Pese a que la agricultura y el oficio de “lanillero” eran mal pagados y escasos, en 1877 se inicia la construcción de la primera obra pública municipal, un portalito (tejado) en la plaza central para resguardar a los comerciantes, origen del famoso Tianguis de Chiconcuac, mismo que se inauguró en 1886. En 1898 se construye una torre en la iglesia de San Miguel, para colocar el tan anhelado reloj municipal “de primera”, inaugurado con un gran festejo el 29 de septiembre del mismo año

SIGLO XX. A principios de éste siglo, la extensión territorial del municipio de Chiconcuac era de tan solo 157 hectáreas, (91 de San Miguel Chiconcuac, 40 de Santa María Chiconcuac y 26 de San Pablito Calmimilolco).

Revolución Mexicana de 1910. Cuentan los abuelos que al estallar la revolución la vida se tornó más difícil, no había trabajo, sobrevino el miedo, hambre y pobreza; escaseo tanto la lana para tejer, que tuvieron que utilizar el pelo de res, aunque al cardarlo les rasgaba y sangraba las manos.

Historia

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Dotación de ejidos Al triunfar la Revolución y ante el reclamo de devolver a los pueblos los terrenos que les habían despojado, el Jefe del Ejército Constitucionalista Venustiano Carranza, promulga la Primera Ley agraria el 6 de enero de 1915, en su artículo 1º, amparaba las solicitudes de restituciones de tierras de los pueblos que pudieran comprobar la propiedad y el despojo de que hubieran sido víctimas, después del 25 de julio de 1856.

 

Con este motivo a mediados de 1916 los chiconcuaquenses, solicitaron la restitución de sus tierras usurpadas por los antiguos dueños de la Hacienda la Grande y Anexas”, presentando los documentos de las propiedades que se otorgaron al pueblo en 1609. En marzo de 1917, los peritos paleógrafos de la Comisión Nacional Agraria, dictaminaron que los títulos exhibidos eran apócrifos (falsos).

 

Ante esta situación solicitaron la dotación de ejidos, apoyados en el artículo 3º de la misma Ley Agraria, la cual establecía que los pueblos que carecieran y necesitaran de ejidos, o que no pudieran lograr su restitución por falta de títulos, podrían obtener la dotación del terreno suficiente para reconstruirlos conforme a las necesidades de la población.

 

La Comisión Local Agraria solicitó una información detallada de cada barrio del municipio, desde censo de población, aspecto físico de los terrenos, clase de cultivos, superficie y linderos, etc., hasta datos meteorológicos. Recabar esta información no fue nada fácil, se requería tiempo, dinero y esfuerzo; en medio de los estragos de la Revolución, la pobreza, hambre e incertidumbre, se sumó la pandemia de la influenza española de 1918; la enfermedad y muerte en la población, complicó los trámites para la dotación de ejidos.

 

Fue en ésta época que decayó tanto el tejido y comercio de cobijas en la región, que surgió la necesidad de “ir al viaje” (salir a otros estados a vender los productos artesanales y comprar lana); forjándose así los auténticos comerciantes de Chiconcuac, quienes, arriesgando su vida, pues muchos fueron asaltados o asesinados, caminaron largas jornadas con su mercancía al hombro para buscar el sustento familiar y extender la fama de nuestros hermosos tejidos en un sinfín de lugares.

 

La Comisión Local Agraria rindió su dictamen, fue aprobado por el Gobernador del Estado el 4 de septiembre de 1918 y se envió a la Comisión Nacional Agraria en donde se modificó por Resolución Presidencial.

Al final, el 29 de marzo de 1920 se entregaron 155 hectáreas de tierra de labor tomadas de las haciendas “La Grande” y “La Chica”, de la señora Manuel Cervantes de Campero, al barrio de San Pablito Calmimilolco, previa Resolución Presidencial del 15 de enero del mismo año.

El 6 de abril de 1920 se entregaron 85 hectáreas de tierra de labor tomadas de la hacienda “La Grande y anexas”, al barrio de Santa María, previa Resolución Presidencial del 10 de febrero del mismo año

El 23 de abril de 1920 se entregaron 260 hectáreas de tierra de labor tomadas de la hacienda “La Grande y anexas”, al pueblo de San Miguel, previa Resolución Presidencial del 10 de febrero del mismo año

Gracias a la dotación de ejidos y la promoción de nuestra artesanía por los “comerciantes viajeros”, mejora la economía; en la plaza central, los viernes por la tarde noche a la luz de las velas, los comerciantes se abastecen para “ir al viaje”; empiezan a llegar a Chiconcuac algunos turistas nacionales y extranjeros, destacando el famoso muralista Diego Rivera, Tina Modotti, Jean Charlot y Frances Toor, atraídos por la creatividad, sensibilidad y hospitalidad de los pobladores; visitan frecuentemente éste lugar, publican los cuentos del Sr. León Venado Zambrano en la Revista Mexican Folkways, e influyen definitivamente para que el 30 de octubre de 1927 se funde en Chiconcuac la Escuela Libre de Agricultura número 1 “Emiliano Zapata”, bajo la dirección del investigador hindú Pandurang Khankhoje; dieron fe en el Acta constitutiva los famosos muralistas Xavier Guerrero y Pablo O´Higgins, Concepción Michel, Emily Edwards, entre otros. A la reapertura de la escuela asistieron el ex-presidente de la República de Hungría, Michael Karolyi, el representante del Socorro Obrero Internacional y del Congreso de Bruselas, Federico Bach. 1

 

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Ampliación de ejidos. Al ver que la dotación de ejidos era una realidad, se solicitó una ampliación con la que se beneficiaron los pueblos de San Miguel y San Pablito.

Por resolución presidencial del 6 de junio de 1929, se concede la ampliación del ejido al pueblo de San Salvador Atenco, en la que se incluyen a 111 ejidatarios de San Pablito Calmimilolco, a quienes se les otorgan 384 hectáreas de tierra de labor de la hacienda “La Grande y Anexas”, toman posesión definitiva el 15 de junio de 1929. Estos terrenos forman la Colonia Francisco I. Madero en el municipio de Atenco, por lo tanto, no se consideran parte del municipio de Chiconcuac.

 

El 1 de agosto de 1929, se concedió la ampliación al ejido de San Miguel con 117.90 hectáreas de tierras de labor de la Hacienda de Santo Tomás, y la hacienda del Xolache, toman posesión el 2 de octubre del mismo año. Así se conformó nuestro municipio, gracias al esfuerzo de quienes nos precedieron y se preocuparon por dejarnos una tierra en donde podamos vivir libre y dignamente; toca a nosotros cuidarla, respetarla y amarla para así heredarla a las generaciones venideras.

En la década de 1930 se introduce la energía eléctrica y las primeras cardas mecánicas facilitando el proceso de la lana; el 30 de diciembre de 1935 se inaugura el Palacio Municipal. En San Pablito Calmimilolco, además de tejer magistralmente fibras vegetales para forrar envases de cristal, desde grandes garrafones hasta pequeñas botellas que se enviaban a Francia para envasar perfumes, destacan los músicos que por su gran sensibilidad son contratados para tocar con las mejores orquestas y bandas de música del país como la Banda Sinfónica de Marina. Entre 1938 y 1941 se derrumban los tejados de la plaza central y se reconstruyen con materiales más sólidos

Irónicamente, la Segunda Guerra Mundial benefició a los artesanos de Chiconcuac, ya que la National Good Company, demandó una gran cantidad de cobijas para los soldados norteamericanos que iban al combate. Posterior a la guerra, una nueva depresión se registra en la economía del municipio, el comercio baja y muchas personas tienen que salir del pueblo a buscar trabajo principalmente a la Ciudad de México, en donde se emplean como sirvientas domésticas, obreros o peones.

En la década de 1950, algunos “comerciantes viajeros” buscan y consiguen promover sus productos en exposiciones nacionales e internacionales, otros instalan pequeñas fábricas de Hilados y Tejidos de lana. Los pintores Leonora Carrington y Roberto Brady eligen a los señores Aguirre Rosales para plasmar sus obras en tejidos de telar. Se establece la parroquia en San Miguel Chiconcuac.

En la década de 1960 se introduce la red de agua potable, las fibras sintéticas para tejer suéteres “a mano” y las primeras máquinas para tejer. El 29 de junio de 1966 se inaugura la carretera Chiconcuac- Chiautla-Tulantongo, primera vía de rápido acceso al municipio.

En octubre de 1968, al coincidir la celebración del primer centenario de la erección del municipio con los XIX Juegos Olímpicos en la ciudad de México, el H. Ayuntamiento y un grupo de ciudadanos entusiastas de la comunidad, logra que el 11 de octubre de 1968, el Fuego Olímpico procedente de Grecia pase por Chiconcuac en su trayecto hacia Teotihuacán.

Con la publicidad del municipio por estos eventos a través de los medios de comunicación masivos y la recién inaugurada carretera, nuestros productos se promovieron rápidamente en el país y en el extranjero, propiciando el auge comercial de Chiconcuac

Al iniciar la década de 1970, la plaza central fue insuficiente para los 100 comerciantes (todos oriundos de Chiconcuac) y compradores reunidos los “días de plaza”, sábado, domingo y martes; por lo que el Ayuntamiento en funciones consigue un préstamo en el Banco Nacional de Obras y Servicios para construir el Mercado Municipal “Benito Juárez” en un lugar más amplio, mismo que se inaugura el 14 de febrero de 1973.

Con el auge comercial, durante las décadas de 1970 y 1980 se crean varias asociaciones de comerciantes, cuyos líderes lejos de beneficiar al comercio local, luchan por el poder, invaden las calles con puestos semifijos y ambulantes que venden al mejor postor, en su mayoría personas ajenas al municipio, provocando el caos y la competencia desleal.  

Al incrementarse la actividad comercial también se diversificó, pues ya no solo se vendieron productos artesanales de lana, sino todo tipo de prendas de vestir y blancos, mismos que se empezaron a confeccionar en los talleres familiares de Chiconcuac.

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SIGLO XXI. Actualmente somos un importante polo de desarrollo económico.

Nuestras artesanías se encuentran en varias partes del mundo, de tan excelente calidad que han ganado premios internacionales.

Utilizamos la más alta tecnología para el tejido de suéteres y una gran variedad de productos que se exportan a varios países.

La actividad comercial se ha intensificado con la manufactura y venta de artesanías tejidas, el diseño, confección, estampado, decorado de todo tipo de prendas de vestir y blancos para el hogar como blusas, vestidos, pantalones, suéteres, chamarras, gorras, sábanas, colchas, toallas, etc., y la fabricación y venta de insumos para su elaboración (ganchos, telas, plantillas, mercería, etc.)

El “Tianguis de Chiconcuac” se realiza en varias calles de la cabecera municipal los llamados “días de plaza” sábado, domingo y martes; lunes y viernes por la noche; reúne en un solo día, aproximadamente 10,000 personas, cantidad que se incrementa durante la “temporada” en el mes de diciembre

Todo esto ha hecho de Chiconcuac un centro de desarrollo económico no solo para los habitantes del municipio, sino para toda la región, otros estados del país e incluso para extranjeros, al generar una gran cantidad de fuentes de empleo.

El prestigio de Chiconcuac, es producto del trabajo digno y honrado de nuestros antepasados, es la herencia de aquellos audaces comerciantes y consagrados artesanos de lana de San Miguel y Santa María, de los sensibles músicos y tejedores de bejuco de San Pablito, de los obreros y campesinos, de las mujeres y niños que se esfuerzan día a día para enaltecer la historia de este pueblo, que hoy revive y comparte con usted.

 

*Venado, Ma. E. Rosario, Chiconcuac, Monografía Municipal, Instituto Mexiquense de Cultura, Toluca, México, 1997

1Arlin. I. Pandurang Khankhoje, el sabio hindú, en México. Alquimia 50. Año 17 enero-abril. (2014). SINAFO-CONACULTA.